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Lobo hombre en París

Extracto del Libro Lobo Hombre de Boris Vian.

Texto extraído del libro Lobo Hombre de Boris Vian. Descargar libro gratis en pdf.

Fue el día en que cumplía once años cuando el pequeño Urodonal Carrier paró mientes, de manera repentina, en la existencia de Dios. La Providencia, en efecto, le reveló de improviso su condición de pensador y, si se considera que hasta entonces se había acreditado como completamente idiota en todos los terrenos, mal se podría creer que el Señor no hubiese tenido parte en tan súbita transformación.
Con la mala fe que les caracteriza, los habitantes de La-Houspignole-sur-Côtés me objetarán, sin duda, la caída de cabeza sufrida la víspera por el pequeño Urodonal, así como los nueve almadreñazos que en la misma mañana de su aniversario le propinó el bueno de su tío, al sorprenderle comprobando por sí mismo si la sirvienta se cambiaba de ropa interior cada tres semanas, como tenía ordenado su padre. Pero es que
la aldea está llena de ateos, mantenidos en el pecado por las malévolas peroratas de un maestro de instrucción primaria de la antigua escuela, mientras el párroco se pone como una cuba todos los sábados, cosa que resta bastante crédito a su sagrada predicación. Sin embargo, cuando se carece por completo de experiencia previa, no se convierte nadie en pensador sin que surja la tentación de atribuir la responsabilidad a una Fuerza Superior y, en tales circunstancias, lo más indicado es agradecérselo a Dios. La cosa sucedió de manera muy sencilla. Durante el retiro espiritual que precede a la primera comunión, al señor cura, que estaba sobrio de milagro, se le ocurrió preguntar:
-¿A qué se debió la caída de Adán y Eva?
Nadie supo responder, pues en el campo no es pecado hacer el amor. Pero Urodonal levantó la mano.
-¿Lo sabes tú? -se extrañó el párroco.
-Sí, señor cura -dijo Urodonal-. Se debió a un error del Génesis.
El sacerdote notó pasar las alas del Espíritu Santo, y se volvió a poner el alzacuello por temor a la corriente de aire. A continuación dio recreo a los rapaces y se sentó para meditar. Tres meses más tarde, todavía meditando, dejó la aldea y se hizo ermitaño.
-Mucho alcance tiene lo que dijo -no hacía más que repetir.

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