Sonrientes entramos al zulo,

la mesa 5 es nuestro nido,

estos dos pájaros promíscuos,

descorchan una botella de vino.

Con el primer beso oblícuo,

y al tercer susurro de oído,

¿será ya su entrepierna montículo?,

pregunta tu cerebro descosido.

Entre algunos visibles estímulos,

tu pie se desplaza erguido,

buscando el roce del péndulo,

tras un orificio descosido.

Mi mano esquiva obstáculos,

quiero apartar tu vestido,

¿está húmedo el triángulo?,

pregunto casi convencido.

Encima nuestro y volando en círculo,

los demás comensales son córvidos,

que con envidia y sin disimulo,

esperan cualquier resto de libido.

 

 

Fdo: Erick Amado.

 

 

 

 

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