Yo: arquero consentido,

tú: diana sudada y tóxica,

él: pozo de condones descosidos,

nosotros: alumnos del placer en prácticas,

vosotros: paparazzis esperando a cupido,

ellos: empujones en tierras pélvicas.

Explicar este estado de placer es prácticamente imposible. Tú, abierta de piernas y yo esperando tus consejos, palpando la hierba de este campo convertido en cama. Los dos extremos metálicos del arco reflejan la humedad de tus labios producida por la sacudida de la lengua, que no puede contenerse dentro y quiere respirar aire puro. Abarcando la cifra de 120 minutos nos ceñimos principalmente a las posturas de el loto, rock and roll y lengua de gato. Tú, como una cabrona en puro celo sigues sin querer que yo acierte. Como siempre… y créeme que yo no padezco, quiero terminar ya. Lo suplico. De alguna forma te encanta que siga siendo tu pequeño aprendiz, tu niño malvado que te incita todas las noches hasta ponerte como una perra. Soy tu caramelo, tu golosina, tu chuchería apunto de entrar por esa boca. No te conozco y te sueño… entre mensajes soy capaz de todo y de querer que seamos uno, arquero y diana de carne y hueso, todo un blanco perfecto placentero. De algo estoy seguro: este secreto morboso hará de separación entre tu tumba y la mía. Para siempre nena.

Yo: tirador de flechas fálicas,

tú: repelente de orgasmos fingidos,

él: maestro de contracciones asiáticas,

nosotros: destiladores de fluídos,

vosotros: sicarios de fantasías arcaicas,

ellos: amantes de insospechados maridos.

 

Fdo: Erick Amado.