Con las uñas llenas de suciedad la pareja de “novios” estuvieron jugando toda la mañana a ser mejores personas. El entrecomillado es obligatorio para aclarar que los dos lucían 10 años, Alba y Jack respectivamente. A ese edad lo lógico es que no tuvieran tiempo para pensar en la existencia de sus almas ni en cómo llevarse un trozo de pan a la boca, pero aquel día les tocó vivir demasiado deprisa… visualmente… sexualmente. La azulada pelota con la que jugaban atravesó los arbustos de metro y medio y allí terminó todo. Dejaron de lucir sus sonrisas ovaladas al comprobar que unos gemidos envolvían el juguete de plástico. Las dos criaturas se agacharon instintivamente para inspeccionar como se encontraba el panorama, y al no ver la pelota decidieron conjuntamente rodear la casa de campo. Echaron a correr sigilosamente.

Agachados y petrificados pusieron las manos en alto y con los dedos entrelazados en el hierro galvanizado se apoyaron sin hacer ruido. Las dos hormigas no paraban de observar a una pareja echar un polvo salvaje, aunque para ellos fuese hacer el amor. Rectifico, aunque para ellos no fuera una escena sexual, porque nunca sabremos si al principio se imaginaron que la mujer a cuatro patas estaba sufriendo, y digo esto por los quejidos casi berreantes que salían de sus bocas. Por igual. Él y ella. Los brazos estirados y las rodillas en el suelo fue lo que más llamó la atención de Jack y Alba.

-¿Por qué la mujer está agachada? -preguntó el chico.

– Creo que es por el hombre, es más alto. -respondió Alba.

-¿Y qué tiene que ver?

-¿No lo entiendes?

-No.

-Están follando.

-Yo pensaba que eso se hacía tumbados.

-Así también. Un día lo vi en una película.

-¿Y por qué grita?

-Les da gusto.

Sin despegar la mirada los pies de ambos cachorros comenzaron a deslizarse por tierra como si fuesen cuatro francotiradores jugándose la vida. Llegó un momento en el que no tuvieron más narices que entrelazar las piernas, tanto que la rodilla de Alba rozó la bragueta del muchacho. Se miraron sin saber por qué. Jack soltó una de las manos que tenía anclada a la valla y cogió la mano de ella. Se volvieron a mirar. Sus bocas se acercaron y por primera vez notaron una lengua en busca de ” a saber qué”. Entre la curiosidad y la excitación prematura decidieron seguir observando la escena con detenimiento, sin demasiadas preguntas, porque después de un primer y torpe beso ya nada se juzga de la misma manera.

-¿Esperamos a que acaben o seguimos buscando un hueco? -preguntó Jack.

-Vamos a por el balón que esto empieza a ser aburrido. -respondió Alba.