La cantidad nunca supo mantener relaciones sexuales eficientes con la calidad, y con eficientes me refiero a placenteras, a ese tipo de relación que ni es esporádica ni se convierte en rutina pero que siempre será recordada, un puto modelo a seguir. Escala 10/10. Todo lo que esté por debajo de este nivel solo servirá para rellenar huecos, y la tarea de coleccionar momentos a través de una lente se alimenta de la misma manera. Tomamos instantáneas con la finalidad de drogar la conciencia y decirle que el recuerdo obtenido por nuestra percepción será cambiado a nuestro antojo. Aquellas doscientas fotos que nos hicimos simplemente fueron una tomadura de pelo. Nuestras cabezas apoyadas en el hombro del otro, dos soldados con heridas en el cuerpo y muertos a nuestras espaldas. No hubo simulación. ¿Quieres decirme que, con el paso del tiempo de lo único que me voy a acordar es de un falso recuerdo producido por una fotografía seleccionada? Después de enviar a la papelera de reciclaje cientos de autorretratos solo conseguimos guardar uno, dejando a la vista cuatro palas, tres incisivos y algún premolar. Muchos le apodarían la fotografía perfecta. Para mi no lo era. Los dos sacos de huesos sacando los dientes y sonriendo. ¿Quieres explicarme por qué nos obligamos a nosotros a ser una fábrica de recuerdos falsos? ¿Para qué?

Esta misma tarde he gastado 60 minutos en volcar todos los archivos de mi teléfono móvil al ordenador. Al principio de la tarea y mientras conectaba el cable usb al terminal, me he acordado de aquella frase que me repetían en la fábrica “como todo lo metas igual…”. Los anteriores puntos suspensivos se traducen en carcajadas por mis compañeros. Y ahí estaban: 2154 fotografías por clasificar.

A priori he pensado que no merecía tal sufrimiento, y observando el brillo de la pantalla del aparato como si fuese un dios, me he imaginado al todopoderoso clasificando cada instantánea en su carpeta correspondiente, un ente con la sabiduría para adivinar qué recuerdo quiero mantener a salvo y cual deseo que se transforme por completo.

Esta sociedad actual y enferma será recordada por fabricar intentos pero no aciertos. Somos lo que somos. Con los primeros rayos de sol dentro de veinte años nadie dispondrá del tiempo suficiente para repasar cada uno de esos archivos, y producirá una cirrosis mental por no poder encontrar aquella foto con la que falseamos sentirnos de puta madre. Los asistentes que esperaban con ansia ver nuestros recuerdos, se secarán por completo en nuestro salón de invitados convertido en un taller de taxidermia. No seremos más que pasto para cuervos.

¿Y si no aplicamos ningún filtro y nos convencemos por una jodida vez de que todo recuerdo tiene que existir?

Sin duplicidades,

sin preparativos,

sin demasiados intentos,

sonriendo si hace falta,

llorando cuando no la haga,

a solas,

con gente,

pero sobre todo,

no flagelarnos hasta conseguir la fotografía perfecta por que, para nuestro recuerdo, la espontaneidad es desde hace tiempo la marca de la casa, y con ella nos tenemos que quedar. Todo aquello que guardemos por el mero hecho de disponer de algo conservado, se llamará síndrome de diógenes visual.

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