Hoy es uno de esos días en los que me excita ir al banco. Sin trampa ni cartón ni mujeres elegantes dentro de él. A mediados de mes toca pagar el correspondiente recibo que, omitiré por esta vez explicar a qué pago corresponde. Siempre lo entrego dentro de un maletín por comodidad y misterio. Algo así como:

Misterio maletín Pulp Fiction. Sexo en Marte escritos e historias.

Lo curioso es que esta mañana no ha habido largas esperas en las que escudarme para sacar el móvil y mirar notificaciones. Al grano caballero. Poco después de apoyar mi trasero en el asiento he mirado a mi fiel banquero. La fidelidad con la que nos decimos los buenos días con un par de miradas es espeluznante.

-Buenos días, ¿qué tal llevas la semana? -me ha preguntado.

-Si no fuera porque tengo que visitarte, cojonuda. -he contestado.

-Bien, todo mío y reluciente como siempre.

Después del rigor saludo el banquero ha abierto el maletín para extraer el papel. Un dato a añadir es que no me gusta darlos con cerrojo ni números ni tampoco combinaciones, porque es lo más chabacano que puede haber en la vestimenta de un …………….. . Además de eso yo soy un tipo que siempre va con prisa, y odio tener que aprenderme una combinación secreta que solo va a servir para estas ocasiones, para abrir un jodido maletín. Mientras meditaba sobre los distintos maletines, el personal del banco ya había pasado como unas siete veces el lector sobre el código de barras del papel.

-Dichosa nuevas tecnologías. -A dejado caer para él mismo.

-La verdad es que a veces en vez de adelantar, volvemos a la época del homo sapiens… y hoy precisamente tengo bastante prisa -he dicho.

-Tranquilo, voy ha cobrarlo como en los viejos tiempos. -me ha respondido.

Mientras el manitas de los números tecleaba sin parar he echado la vista atrás. Mi cabeza ha girado como si estuviera en un Seat 600 a punto de echar marcha atrás. Habían cuatro personas esperando en la cola. Las 13:26 exactamente. ¡Que pánico tú!

-Ya está! Todo correcto! Que tenga un buen día.

-Muy bien mi fiel amigo. Por cierto, ese móvil que tienes encima de la mesa, ¿es tuyo? -he preguntado con bastante curiosidad.

-Si, es un Iphone. -me ha soltado con expresión de seguridad.

-Haaaaam. ¿Y no son complicados de manejar? Dicen que llevan encriptados todos los datos y solo la corporación de Apple puede desbloquearlo. Los atentados de no se que lugar se perpetuaron con un móvil de iguales características. Quizá la pantalla es demasiado grande para llevar tantas cosas en el bolsillo, ¿qué me dices? -he dicho.

-Supongo. Espero que tenga buena tarde. -ha dicho el banquero.

-Simplemente lo preguntaba porque últimamente con la cantidad de noticias que dan sobre el robo de contraseñas en las grandes multinacionales… pues a uno le da que pensar. Entre claves y números yo ya no dispongo de dinero en efectivo para comprar libretas, coger un bolígrafo dejarlas anotadas. ¿sabes? Igual con un móvil como el tuyo podría prescindir de dichosos papeles. En fin, lo mismo digo, buena tarde.

Al terminar de decir la última palabra la cabeza de mi confiado banquero ha hecho una seña entre la afirmación, la buena voluntad de desear suerte y el alivio. Tras quedarme con esto último le he preguntado:

-Perdona que haya molestado, pero mi abuelo siempre me dijo que los clientes siempre tienen la razón jeje. -he dicho con recochineo.

-Supongo que su abuelo tiene razón aunque la verdad se traducen en que me quedan dos minutos para terminar la jornada y aún hay una cola de cuatro personas. -me ha contestado.

-Ya me voy, no te preocupes… por que entre maletines y móviles a mi me joden todos los días el poco tiempo que dispongo.