Tardé veinte segundos aproximadamente. A lo mejor me equivoco, pero no miento. Fatídicos instantes si mezclas la espera con una sonrisa femenina, sobre todo por pensar que la responsabilidad recaía sobre mí. La situación es tan delicada que el más mínimo imprevisto puede arruinar el cosquilleo de la mariposa excitada, en busca de un néctar que solo dependerá de sus dos alas. ¡Vuela mariposa y no me jodas! Los dos lo saben pero ninguno habla de ello. Un tabú puesto sobre la balanza del hombre que tendrá que resolver él solo. ¡Ánimo campeón!

No fue así.

Ella estaba al lado de mí acurrucada y sus piernas formaban un ángulo de 90 grados. Ilusionada y excitada, con ganas pero paciente. Yo tumbado, la cabeza esperaba en posición inclinada para poder ponerle la chaqueta transparente. En aquel momento me debatía si abrir la almohada de plástico mirando hacia mis piernas o por el contrario hundirme en sus pupilas. Pocas opciones me quedaron aunque de alguna forma sentía curiosidad por saber dónde habría fijado su mirada. ¿Se daría la vuelta hasta que el servidor le hubiera puesto el cinturón de seguridad al placer? No lo sé, siempre quedará la duda. Definitivamente no miré a sus ojos.

Justo después de la trepidada reflexión que volaba a horcajadas de un motor a reacción, noté algo cálido y húmedo. Su lengua empezó a deslizarse por el contorno de mi oreja mientras dijo la frase correcta. Ella tenía la llave y la usó, porque sabía que nuestro invitado se debatía entre mantenerse en pie o un gatillazo. En lo mas profundo de mi ser siempre harán eco esas palabras. Diez segundos de precisión pura. Miss silencio soltó por su boca lo que ninguna otra mujer podría haberme dicho en mil vidas, ni en millones de polvos. Perfecta conocedora del momento y del lenguaje. Mi libido se multiplicó exponencialmente y los tres nos fundimos en uno. Ella y nosotros.

Ahora yo dispongo de ese recuerdo para usarlo cuando quiera, a mi antojo, porque bastará con invocar al pasado por si alguna vez me hiciera falta. Sólo dos personas de mi apreciado entorno saben la frase, aunque nadie sepa pronunciarla correctamente.

Desde aquella noche supe, que el silencio provocado por la colocación de un condón marcó la diferencia.