-Padre, ¿tan complicado es confiar en una persona? -preguntó el chico.

-No hijo, tu parte ya está hecha. Bien realizada. Ahora solo toca esperar, y si la persona implicada en el secreto va contándolo por las cantinas, considera que esa boca es una cucaracha. -respondió el padre.

-¿Cómo estaré seguro de ello? -volvió a preguntar el joven.

-Una persona que no miente dispone de vía libre para mirarte a los ojos mientras hablas… los cobardes solo tienen la obligación. -le dijo.

Treinta y siete grados y subiendo. Las espuelas del joven brillaban cual beso lascivo bien recibido. A su temprana edad abarcó kilos de consejos como si su cerebro fuese una esponja a estrenar. La madre del chico siempre le decía que su nombre iba a valer una fortuna. Lo decía en serio. Ella se imaginaba su cabellera adornando la casa de justicia en cientos de dibujos, o en tiendas y tascas, sabiendo que cualquier día ya no tendría opción de verlo pero que sin duda se sentiría la madre más orgullosa. Mientras tanto nuestro crío guardaba todos los casquillos de bala y los agujereaba por las noches. Con ellos hacía talismanes dorados que regalaba a todas las mujeres del pueblo.

El joven sacó una hoja de papel amarillenta que comenzó a desplegar muy lentamente. De una punta del pergamino había cosido un trozo de tela que años atrás le regaló una preciosa niña. Con cinco años juraron no separarse nunca pero el destino les plantó cara. Mientras deslizaba los dedos sobre el papel arrugado se fue acordando de aquella tarde, de aquella bala que separaron sus vidas para siempre.

-Pero es que verás, no me van a temblar ni las manos, no pienso justificar algo que para muchos es obvio e indispensable. Fíjate, ¿nunca has soñado con esa vida? hijo, ya está bien de comulgar todos los días y de conformarnos con la estupidez marcada por los cánones, por esta sociedad en la que se basa mayoritariamente en besar culos llenos de billetes y esperar a que caigan sobre mi bragueta o sus escotes. ¿Acaso crees que el coeficiente intelectual del individuo nos pone a cada uno en su lugar? Y una polla!

-Ya, pero mi educación siempre ha estado en contra de disparar a todo lo que se mueve. -soltó el muchacho con resignación.

-¿Quien ha dicho a todo lo que se mueve? Escúchame, no hay que pensar. Déjate llevar como lo hacen ellos. Aquí no hemos venido a dar los buenos días porque esta gente no camina como tú o como yo, saben moverse y huelen las buenas personas y sus miedos a kilómetros. -respondió el padre.

-Bien, entendido papá, ¿cómo lo hacemos? -preguntó el chico.

-Sencillo. Nos fijaremos en cerebros que no respondan con educación, en parejas sentadas frente a frente sin dirigirse la palabra, en ejecutivos con maletines y tipos jugándose el sueldo en el poker. Los menores de edad no nos sirven, tampoco los empleados ni limpiadoras. Si dudas en disparar a todas estas personas que concuerden con las características que te acabo de mencionar, significa que no has entendido nada. No estamos aquí para que sustituyas a la niña que perdiste, aquí hemos venido a follar culos, a corrernos en sus putas caras y a dejar los bolsos y botas de cuero con olor a justicia. Lo que nosotros buscamos son peleles bien curtidos, idiotas con una capacidad de inteligencia que a la mínima arrasan de sus vidas todo ese personal que no se vista de sueldo y nómina. ¿Listo?

-Listo!!! gritó el chiquillo.

A los pocos segundos de aquella reflexión convertida en instrucciones, empezaron a disparar sin que los pies se movieran del sitio. Sin remordimiento, sin alma. La pareja simuló ser una máquina que disponía de la misma precisión y selectividad que un millonario en un prostíbulo. Caían como moscas. Media hora después de aquel festín nadie tuvo pelotas de rebatir lo que el chico empezó a decir en voz alta:

-Si una mujer quiere mostrar su cuerpo desnudo, nadie tiene derecho a tocarlo. No es no.

-Si un niño tiene ganas de jugar en vez “ayudar” en el oficio… no es no.

-Si una camarera os sonríe con simpatía y vuestros cerebros están pensando en meter el pene… no es no.

-Si mi padre no quiere reíros las putas gracias… no es no.

-Cuando os diga que no le contéis un secreto a nadie… no es no. ¡¡¡¡NO ES NO BASTARDOS!!!

El cerebro del chico había convertido sa vida entera en una cafetería de lujo, acristalada por todas sus paredes, dejando sólo salir a los jóvenes y ancianos con ganas de vivir, convencido de que su alma ya no sería la misma. Bien grabado todo en la sien. En sus madrugadas nunca tendría que preguntarse por qué no ha sido la persona que  le hubiera gustado. Ya no había obstáculos libre.

Y así es cómo me desperté aquel día, sabiendo que después de ese sueño había puesto un punto y final a todas mis dudas. Ya no más tomaduras de pelos, ya no más WhatSapps de mierda en el que te preguntan cómo estás y te acabas quedando con la frase detrás del pero (por cierto, ¿puedes hacerme un favor), ya no más compañeros de trabajo que se pisan unos a otros por buscar la comodidad en sus vidas, no más cafés con personas que me miran por encima del hombro cuando el móvil que yo gasto no supera los 60 euros. Conmigo ya no. Ya no más tripas corroídas por las injusticias machistas. El padre del sueño había sido musa y convicción, desalojo y futuro.

Desde entonces cada día me levanto, sabiendo a qué personas dedicarles mi tiempo y aprendizaje, y aunque la vida me obligue a juntarme con ellas solo tengo que cerrar los ojos y acordarme del sonido de unas balas que dijeron: NO ES NO.

 

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