Siendo fiel al mismo camarero desde hace más de 10 años, le he pedido un cortado descafeinado. Los paréntesis fugaces de la mañana son sagrados para mi.

-¿Cómo se le da de comer a un gorrión? -me ha preguntado.

-Puf… de pequeño siempre les daba con una jeringuilla y también se me murieron todos. -he contestado.

Después de mi respuesta he notado que le costaba soltar la cucharilla, como si fuese un talismán al que los supersticiosos se aferran continuamente. El hombre mayor ha estado por lo menos un minuto contando pájaros. Mis ojos no han parado de mirarlo. No creo que sufra algún trastorno del tipo toc, simplemente algunos individuos te repasan desde los pies hasta el flequillo. Si eres hombre omites mirar a la bragueta.

-Esta mañana me he encontrado una cría de gorrión. Revoloteaba. Seguramente era su primer día de entrenamiento y ha suspendido el examen práctico.

-Puede ser. -he dicho con cara de seta alucinógena.

-Coge el café y vamos a echar el cigarro afuera, en la terraza no hace calor. Míralos están todos juntos. -ha vuelto a contestarme.

He cogido el primer asiento de la última fila y me he sentado, igual que lo hubiera hecho el tipo que en los años 70 iba al cine para ver películas eróticas. El razonamiento ha sido el de no acercarme demasiado a ellos, no fuese que los pudiera espantar y la curiosidad me obligara a un segundo paréntesis, a esperar a que vuelvan. Habían como doce gorriones adultos y uno de ellos de escasas dimensiones. No podía ser otro que el aprendiz. Se esforzaba al máximo por despegar vuelo pero no volaba. Tendría que haber repostado el muy capullo.

Una cortina de humo nos envolvía a los dos. Yo con mi cigarro reglamentario y él con un puro de la ostia. marca la tía del pueblo. No llego a entender cómo los hombres en aquellos años seducían con esa peste en la boca. Hay besos sabor a cenicero y en otra puta liga se encuentran los morreos con aroma a vertedero.

-Me da pena el pájaro. Si lo meto en una jaula, ¿cuánto puede durar? -me preguntó el puro andante.

-No mucho. Lo que no entiendo es por qué los pájaros de su misma especia no le ayudan. Yo por lo menos si fuera un gorrión le daría de comer. Mañana le podría pasar al que está a su izquierda, ¿no? -he dicho mirándole a los ojos- está claro que la naturaleza no le ha dado a este animal la capacidad para echarse al hombro a otro de su calaña. Yo que se! ¿Por qué no avisan a sus padres?, si está apunto de volar y tampoco le faltarán tantas prácticas. ¿No resulta curioso que los dos estemos debatiendo sobre un pájaro mientras expiramos humo? -he preguntado a modo de reflexión.

Dando dos toques con elegancia y soberbia al culo del puro han caído las cenizas al suelo. Después se ha vuelto a poner el cilindro de tabaco en los labios y me ha dicho:

-Lo curioso es pensar que si fueras un gorrión le intentarías ayudar. La realidad viene siendo que pasarías de él como de la mierda. ¿A cuántas personas malnutridas has ayudado chaval?- ha soltado el barman.

La pregunta me ha dejado tibio. Un yunque de quinientos kilos ha caído sobre mi cabeza. Si los pájaros supieran hablar hubieran dicho… IDIOTA!

A continuación he metido los dedos en el bolsillo con miedo. Buscaba calderilla para pagar el café, y cuando las uñas han tocado metal, el camarero con su mano ha hecho de pinza sobre mi muñeca.

-A esta invito yo, bastante tienes con el chichón de la cabeza.