No se como empezar este escrito. Hay tantas lágrimas ahora mismo en el teclado que por momentos se están borrando cada una de las letras impresas en él. Me da igual. Que se borren y se lleven los recuerdos más bonitos contigo. Si pudieras verme desde algún sitio, notarías la debilidad en las articulaciones de mis dedos. Parecen las piernas de una marioneta de madera, tornillos a punto de morir por la corrosión severa de su cuerpo. 

Confío todas las noches en que apareces pero sin asustarme. No en sueños. La puta realidad se disfraza de donde nadie. No quiero fantasías ni trajes que aparenten ser extraídos de una boutique. No tengo fuerzas ahora mismo para sujetar el peso de un pañuelo. Me sale de dentro escribirte esto por que hace escasos minutos vomité la cena en estado de descomposición. Evito a toda costa vestirme de algo que nunca seré. Por eso mismo estoy orgulloso de ti. Se que tu de mi. Por eso mismo lloro. Cuando muera quiero que veamos la película que tanto nos gustaba de pequeños. Pongo por testigo todas las cosas que me quedan por vivir, que si no dispones de dinero para alquilarla, yo mismo me arrancaré las sonrisas que me quedan por dar. Después las venderé en la esquina de un bar de copas.

Aunque te fueras muy temprano y me obligaras ha hacerme mayor desde muy joven, me enseñaste a ser buena persona. Ánimo compañero me repito una y otra vez. No estás solo. ¿Por qué me faltan remos para navegar en el vacío de mis lloros? ¿Por qué veo tu foto en la mesita de mi dormitorio y no sonrío? ¿Qué conciencia tengo que limpiar joder? Si he hecho algo malo en esta vida, hazme pedazos y diluye mi cuerpo en ácido hasta sacar aquellos caramelos que comíamos juntos. Dáselos a otros o a otros miles de niños.

Por fin voy a confesarte la verdad. A ti y a todas las diferentes almas que lean este texto. No pude darte el último adiós, el último abrazo de despedida. ¿Cómo iba a saberlo? No era un tren que anunció tu muerte. No anunció una puta mierda. No avisó. No sonó el despertador. No quiso que nos despidiéramos. No te abracé ni te dije lo mucho que te quería. Por eso mismo estoy llorando. Pero he vuelto a nacer. He sacado de mi cuerpo algo que llevaba dentro.

Verás, al empezar a escribir este blog, no sabía ni tan siquiera como coger un bolígrafo. Los pocos textos que llevo en él, me han costado la vida eterna por mostrarme tal cual soy. Pero en este no. Y para comprobarlo he puesto el reloj a la misma hora en la que te fuiste. Si algún día tengo nietos quiero que se llamen como tú. Las calles de cualquier ciudad susurrarán tu nombre y las personas volverán a ser eso, buenas personas, y ningún niño volverá a caer a plomo.

Postdata: estés donde estés… TE QUIERO.

Fdo: Erick Amado.