Antes de entrar a cualquier ascensor, siempre convoco a mis manías para pulsar el botón de llamada. Una de ellas es mantener con firmeza la mirada hacia adelante, que se note que la elección de la planta ha sido la correcta. Estupideces humanas vaya. Algunos optan por meterse las manos en el bolsillo mientras cruzan la puerta, otros se ajustan el cinturón, y algunas personas sueñan con hacer realidad sus fantasías sexuales. Catástrofes, manías y polvos. Ese debería el título.

¿Por qué un habitáculo tan pequeño emite una ingesta cantidad de idioteces?

La última vez que cogí un ascensor estaba lleno de marujeo. Seis personas mirando el color de mi corbata. Yo el de sus braguetas. ¿Seré yo un ejecutivo, un simple comercial o quizá un impostor? Todos los pensamientos que se tienen dentro de una caja elevadora se mezclan con música chicle. Música de usar y tirar. Y es que en todos los viajes entre planta y planta, he conocido a personas increíbles. Por ejemplo, una vez vi a un hombre contar en voz alta las monedas que tenía en su bolsillo. He visto a la presumida retocarse los labios con carmín. He visto al soltero mirar de reojo los pechos de la morena pero al casado nunca. Al de treinta y tantos tacos imaginándose una mamada con la madura de su izquierda. Al impuntual que cuenta los segundos hasta que suene la alarma. Niños poniendo el pie entre medias de los sensores de la puerta, mientras el empleado que llega tarde está apunto de meterles una colleja.

Muerte en un ascensor. Reflexiones, textos, pensamientos, deseos, artículos. Blog Sexo En Marte.

La mayoría de los ascensores están forrados en su interior de espejos. Esto corrobora el por qué guardo en la memoria la situación de una pareja dándose los buenos días. Ella tocándole la polla por encima del pantalón y él creyéndose el super héroe que consigue parar el tiempo. Por todos mis compañeros y por mi el primero.

Pero sin duda alguna, soy fan de los hombres que cruzan miradas de un modo desafiante, intentando decir por telepatía “si se parte la cuerda, cuidado conmigo que soy el único que va a salir con vida”. El duelo de Clint Eastwood reencarnado en machos alfa.

Bocadillos:

“- A mi me mide 22 centímetros”.

“- Tú eres un eyaculador precoz”.

“- Hago que se corra tu mujer en diez minutos”.

“- ¿A quien le habláis, a mi o a mi mástil? Tiene vida propia hijos de perra”.

Si, también existen situaciones poco comunes, como el Don Juan que espera tener una cita con la mujer atractiva que tiene enfrente. Cree que sólo dependerá del tiempo que dure el viaje. Si lo hace con sutileza y perspicacia podrá conseguir como mucho una sonrisa lasciva.

-Perdona, ¿Vas a la quinta planta?

-No jeje, a la tercera.

-Jústamente ese es mi destino.

-Ya lo sé.

-¿Y eso?

-Hombre, solo quedan dos botones iluminados. Si yo paro en la tercera, o tú te estás has puesto nervioso al apretar el botón o vas borracho.

-jajaja una mujer muy observadora.

-Si.

-¿Sabes, normalmente, antes de entrar a trabajar siempre me tomo el café, pero hoy voy con el tiempo justo.

-Bueno, mañana puedes tomártelo.

-Cierto, y sabiendo que trabajamos en la misma planta podemos tomarlo juntos.

-Ya te has vuelto a poner nervioso. En el mismo edificio dirás.

-Eso, eso, ¿un café mañana?

-Bien, me parece bien.

-Me das tu número de teléfono?

-Mejor quedamos en la entrada, seré puntual.

-¿No me vas a dar el número?.

-Ni tampoco la hora para el café.

Con un poco de suerte, labia y colonia Brumel podrán llegar a más, suponiendo que a la mujer no se le ha pasado por la cabeza salir del elevador echando ostias. O mejor pegarle un tiro y que los sesos hagan de fuegos artificiales. Pero este es otro tema aparte. Seamos sinceros. Imaginemos que la situación da un giro de 360 grados, y es la dama quien le propone tomar algo. En 30 segundos que dura el viaje, le sobran 29 para que el hombre acepte. Hasta que nadie me demuestre lo contrario no cambiaré de opinión. Damos por sentado que hablamos de hombres solteros, casados o con pareja. El otro día leí un artículo titulado ¿cómo ligar en un ascensor?, y me acordé de aquellos condones mágicos que anunciaban en la caja tonta, esos que muchos se calzaron entre pierna y pierna para no ser prematuros.

Al ser humano el ascensor le causa un morbo y pánico apabullante, excitación y miedo de quedarse atrapado y morir allí. De joven siempre imaginé una situación así. Se apagan las luces y la polea que mueve al ascensor queda atascada. Ante tal situación,  y con un margen de estancamiento de dos horas ¿qué haríais si tuvierais delante a esa persona que os pone la libido cerda?

En mi caso, apretaría el botón de emergencias, me pondría nervioso y bajo un hilo de voz diría:

-Emergencias dígame.

-Buenas, deseo una pizza barbacoa tamaño 22 centímetros.

-¿A qué hora se mando?

– Después del café.

-De acuerdo, ¿dirección?

-A la misma planta.

-¿Su nombre?.

-Clint Eastwood.

-¿Usted es idiota?, acaba de llamar a emergencias.

-Perdone perdona, me he puesto nervioso.

Fdo: Erick Amado.