Estoy llorando y son las 04:00 de la noche. Las lágrimas caen como si fuesen paracaidistas inexpertos. Aproximadamente hay una distancia de un metro entre mis ojos y la taza del váter. No se cuanto tiempo llevo metido en el cuarto de la psicología humana, pero conforme van pasando los segundos puedo escuchar con más nitidez el sonido de las teclas de tu móvil. Tengo experiencia, soy un músico en el Londres de tu casa.

Me da por pensar si todavía quieres conocerme o simplemente te satisface la parte más cruda y satisfactoria de mi cuerpo. Hace horas que no beso a otra persona y es imposible comparar dos bocas que remueven conciencias a la perfección. Sigo escuchando la presión de tus dedos en la pantalla y el resplandor de la luz por debajo de la puerta.

Por unos instantes he tenido una idea suicida. Voy a salir de este baño y preguntarte en la puta cara, ¿tu boca me ha dicho la verdad o ha jugado a ser un pasatiempo?

Antes de encerrarme y quedarme sentado, estoy dispuesto a recapitular qué ha pasado en los 120 segundos después del polvo. Que coño! el polvo no, hacer el amor ha sido un canteo con lo que acaba de ocurrir hoy. He conseguido meterme en la piel de un empotrador y a la vez vomitar sentimientos. Por eso lloro.

Tras estos pensamientos preliminares, la cronología es la siguiente:

03:54:15. Rabiabas a gemidos y el placer ha salido por tu boca.
03:55:02. Último beso. Te has secado los labios. Ni mirarme a los ojos.
03:55:04. Mirada al paquete de tabaco. Encendedor y silencio.
03:55:14. Olor a sexo y humo.
03:55:20. Tu mano se acerca a mi cara.
03:55:22. Pego una calada como si fuese la última de un condenado a muerte.
03:55:36. Me besas y te das la vuelta.
03:55:40. Coges el móvil y abres el desván de las pajas mentales.
03:56:15. Tengo ganas de llorar.

En el trayecto de la cama hacia el váter he recordado que he perdido facultades. Sé que mi forma de besar es sublime, pero la reciprocidad de tu lengua no deja que distinga entre placer sin emociones o ser algo más que amigos. Debo de ponerme en forma otra vez. Besar más bocas, afilar la lengua, esquiar en otros labios. En definitiva, pasar la ITV a mis labios.

Fdo: Erick Amado.